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Soller

 

Situado en un frondoso valle, bien protegido de las incursiones piratas de los siglos pasados, Sóller debe su nombre al vocablo árabe "sulliar", que significar "concha de oro". De hecho, muchos años antes de que Valencia fuera su mayor competidor, Sóller era el paraiso del vino, del aceite y principalmente de las naranjas. La mayor parte de la cosecha se exportaba a Francia y Bélgica, siendo el origen de la riqueza de sus habitantes, que establecieron negocios con estos países especialmente en la costa mediterránea francesa. Al regreso a su pueblo natal se mandaban construir espléndidas casas y también esto explica el por qué en Soller la mayoría de sus habitantes hablan correctamente francés. Desde Sóller, a través de cinco kilómetros de animada carretera, recorrida por un tambaleante y pintoresco tranvía traído desde San Francisco a principios de siglo, se llega al puerto, bello y característico, ya que es tan recogido que desde el interior no se ve el mar abierto: es una bahía casi circular, tanto que parece un lago. Un pequeño oratorio que surge allí mismo, recuerda la leyenda del monje Ramón de Peñafort que, perseguido por el rey Jaime, al cual había reprochado el concubinato con una mujer, buscó refugio a pesar de la prohibición del Rey de volver a la península. Habiendo prohibido el Rey Jaime a todas las naves el embarcar en ellas a religiosos, el monje tiró al agua su capa y cogiendo uno de los bordes a modo de vela, llegó a Barcelona sano y salvo. El espíritu aventurero y valiente de los habitantes de Sóller se recuerda todos los años con una fiesta  que se celebra el mes de mayo, llamada "fiesta de ses valentes donas" (fiesta de sus mujeres valientes) y que representa la victoria obtenida en 1561 sobre el pirata turco Otxalì, que había desembarcado con 1700 hombres para la conquista de la isla. En la batalla que se entabló se distinguieron por su valor dos hermanas, Francisca y Catalina Casasnovas de C'an Tamany, que mataron a numerosos asaltantes con una larga barra de hierro que servía para cerar la puerta de su casa. En esta fiesta se expone una barra que simboliza el valor y el coraje de las mujeres de Sóller, mientras un grupo de bailarines escenifican una especie de lucha entre moros y cristianos.